Viajar con tu perro puede ser una de las experiencias más bonitas del verano. ¿El secreto para que no acabe en desastre? Un poco de planificación, algo de empatía perruna y mucha atención a los detalles que marcan la diferencia.
- Busca un destino dog-friendly. Llama antes y pregunta si pueden acompañarte a todas las zonas del alojamiento.
- La maleta del perro. Además del comedero y su comida habitual, mete una manta que le resulte familiar, bolsas, medicación si toma, y un botiquín básico.
- A la playa, pero con cabeza. Consulta la normativa del municipio, evita las horas de calor, ten agua fresca a mano y protege sus almohadillas del suelo ardiente.
- El transporte: acostúmbralo al coche o transportín con tiempo y, si puedes, evita medios de transporte donde no pueda ir contigo.
- Papeleo al día. No olvides actualizar su microchip, llevar la cartilla veterinaria y tener la vacuna de la rabia al día. Si vais al extranjero, necesitará un pasaporte.
¿Y si lo mejor es que no viaje? A veces, una buena residencia o dejarlo con alguien de confianza puede ser la opción más responsable.