Resulta complicado pensar en una vida sin electrodomésticos. A lo largo de los años, lavadoras, microondas, lavavajillas o neveras nos han solucionado un montón de problemas. De hecho, gracias a estas últimas podemos conservar los alimentos durante mucho más tiempo.
Pero para que estos dispositivos del hogar funcionen correctamente, es necesario limpiarlos con frecuencia y cuidarlos. Afortunadamente, más allá de las rutinas de limpieza específicas para cada uno, existen una serie de trucos que siempre son de lo más útil en el hogar. Este en concreto tiene como protagonistas a la nevera y a los corchos de las botellas de vino.
Habitualmente, una vez que se terminan las botellas, solemos deshacernos de esos tapones que hacen que no se derrame el contenido. Sin embargo, es un error. Y es que sirven perfectamente para solucionar uno de los peores problemas en la cocina: el mal olor dentro de la nevera.
Son muchos los motivos que pueden provocarlo: el almacenamiento de alimentos con un olor fuerte (quesos, cebollas, ajos…), una incorrecta limpieza de la nevera o el hecho de que algún producto en concreto se haya podrido, como las frutas. Cualquiera de ellas puede originar un mal olor en el electrodoméstico y, por eso, los corchos pueden ser muy útiles.
Simplemente, coge un corcho, córtalo en varios trozos y sitúa cada uno de ellos en una balda de la nevera o en los cajones. Puedes hacer lo mismo en el congelador. Déjalos durante unas cuantas horas y cuando vuelvas a abrir, notarás que el mal olor ha desaparecido por completo.
¿Por qué ocurre esto?
La explicación de este fenómeno es bastante sencilla. El corcho es un material poroso que absorbe la humedad y los malos olores, por lo que cumple su misión perfectamente. De hecho, si rocías el corcho con cítricos tales como limón o naranja, la nevera tendrá un nuevo y refrescante olor.
Fuente: El Mundo