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«El destino del alma»

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Por: Enrique Loaiza (@enrique.loa)

El cuerpo va al sepulcro, más el alma y el espíritu a estar con el Señor

La muerte y el destino del alma plantea muchas interrogantes ¿Acaso el alma muere? ¿A donde va el alma después de la muerte? ¿Por qué transciende el alma de esa manera?

Las escrituras nos enseña que: «…no temán a los que matan al cuerpo, más el alma no pueden matar, temer más bien a aquél que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno» Mt. 10:28

Lastimosamente, muchas personas suelen presentar inquietud sobre este tema relevante y poco explicado dentro y fuera de la iglesia. Porque, el destino eterno del alma lo definirá tus obras realizadas en la tierra, que serán las evidencias que darán vida al cuerpo resucitado.

Dice las escrituras que: «..siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu» 1 Pe. 3:18

Nuestra meta en el camino de la fe, es procurar tener una vida eterna por medio del alma. Sabiendo que, al morir el cuerpo, el alma sube a la presencia del Señor, no importando en el momento si fue justo o injusto con Dios, el prójimo y consigo mismo en la tierra a través de sus acciones. Ya que, ambos recibirán el juicio en el cielo antes de la destrucción con fuego en la tierra.

Por eso, Juan nos declara lo siguiente: «vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios…y reinaron con Cristo mil años, pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieran los 1000 años» Ap. 20:4,5

Cuando el Señor libere a Satanás de su prisión de 1000 años, sobre la faz de la tierra, será consumido con fuego del cielo, junto con los que resucitaron para condenación para ser destruídos eternamente. Ap. 20:9

Finalmente, el destino del alma siempre irá a la presencia del Señor para recibir el juicio. Si fueron buenas obras con: amor, bondad, solidaridad, mansedumbre, sinceridad, humildad, pacífica, alegría y fe tendrá vida eterna. Pero, si fueron malas obras con: egoísmo, hipocresía, mentira, engaño, orgullo, rencor, resentimiento, codicia, envidia, ambición, apatía, rencilla, infidelidad, fornicación y otros fenómenos que son de la carne, resucitarán para condenación. Porque, no hubo un arrepentimiento de corazón. Mt. 27:51, Jn 5:29

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