RÍO DE JANEIRO – La emblemática pasarela de la Marquês de Sapucaí apagó sus luces principales tras concluir las tres jornadas oficiales del Grupo Especial del Carnaval 2026. Lo que se vivió en el «Templo del Samba» trascendió la mera festividad, consolidándose como un despliegue de identidad, tecnología y narrativa social que cautivó al mundo entero.
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Un balance de lo acontecido en la avenida:
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Innovación Visual: El desfile de este año se caracterizó por una integración sin precedentes de la tecnología. Se observó el uso de iluminación robótica sincronizada con los latidos de las baterías y efectos visuales en las carrozas que elevaron la estética del espectáculo a niveles cinematográficos.
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Narrativas con Propósito: Más allá del brillo, las escuelas de samba utilizaron su plataforma para rendir homenajes a figuras históricas de la literatura, la música y la resistencia afrobrasileña. El Sambódromo funcionó como un libro abierto donde se narraron historias de lucha, fe y esperanza.
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Éxito del Nuevo Formato: La distribución del evento en tres noches principales permitió un flujo de público más organizado y una entrega energética superior por parte de los componentes de cada escuela. Esta estructura facilitó que el jurado y los espectadores apreciaran con mayor detalle la complejidad de los disfraces y las coreografías.
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Impacto y Convivencia: El evento transcurrió en un ambiente de celebración masiva, donde la seguridad y la logística permitieron que millones de personas disfrutaran de la máxima expresión del arte popular brasileño sin mayores incidentes, reafirmando a Río de Janeiro como el epicentro global de la economía creativa.
Conclusión de la jornada
Con el fin de los desfiles principales, la ciudad entra ahora en una fase de reflexión y análisis. El Sambódromo no solo fue el escenario de una competencia, sino el epicentro de un fenómeno que recordó la capacidad del arte para unir a las masas y proyectar la riqueza cultural de una nación hacia el futuro.