Un peluche puede pasar años en un catálogo sin destacar, hasta que una historia lo convierte en protagonista en internet. Es lo que ha ocurrido con el orangután de peluche DJUNGELSKOG de Ikea, que en febrero comenzó a agotarse en varias tiendas. No fue por descuentos ni campañas especiales, sino por un fenómeno viral cargado de emoción que disparó su demanda de forma inesperada.
El origen del llamado “efecto Punch” está en Japón, donde un macaco bebé llamado Punch, del zoológico de Ichikawa Zoo, se hizo viral al aparecer abrazado al peluche como si fuera su madre. Según se difundió, el pequeño primate habría sido rechazado por su entorno y los cuidadores le facilitaron el muñeco para reducir el estrés. La imagen conmovió a miles de personas y transformó al peluche en símbolo de refugio y consuelo.
Tras la viralización, el producto comenzó a figurar como agotado en varias ciudades españolas, mientras que en otras aún quedaban unidades, según reportes publicados por Libertad Digital. Este tipo de fenómeno provoca compras impulsivas, desplazamientos entre tiendas e incluso intentos de reventa, ya que la percepción de escasez aumenta el deseo por conseguirlo.
Más allá del peluche, el caso refleja una tendencia clara: el consumo guiado por historias. Cuando un objeto cotidiano adquiere una narrativa emocional, deja de ser solo un producto y se convierte en parte de una conversación global. En este caso, internet hizo lo que ninguna campaña planificada logró: transformar un artículo de catálogo en un fenómeno viral con impacto directo en el stock.