¿Quién sustentará la Ciudad Colonial?

Andrea Nava
3 Min Read

Por: Doctor Reynaldo Peguero

Las élites capitaleñas lo han recibido todo. No necesitan planes estratégicos de desarrollo. Sus proyectos particulares de ciudad, siempre han vivido en el espíritu del ocupante de turno del Palacio.

Asimismo, acontece con la retrasada restauración de la Ciudad Colonial. Sin un plan integral previo, consiguieron recursos bien avalados. Hoy no se sabe para dónde va ese proceso. Si el presidente Abinader no hubiera transformado para bien el curso de la inversión pública en Santiago y otros territorios, seguiríamos igual. La CCl tiene 1 km2. Es el primer asentamiento europeo en América, declarado en 1990 «Patrimonio de la Humanidad». Tiene préstamos del BID que alcanzan los US$120 millones, más 3.2 millones de la UE. El Mitur asume la gestión del proyecto. Preguntamos: ¿Es correcto implantar iniciativas de Estado sin la debida participación interinstitucional? Que ahora resurjan narrativas críticas sobre esa rehabilitación, se explica. Estamos ante una iniciativa de gran inversión financiera y escasa participación social. Menos aún, no se registran ordenanzas del Ayuntamiento para fomentar el involucramiento ciudadano. Estas edificaciones patrimoniales no cuentan con el debido sistema de gestión y sostenibilidad. Ni la fortaleza Ozama (1502); menos las ruinas del convento de San Francisco (1508); tampoco la iglesia y convento de los Dominicos (1510); nunca el Alcázar de Colón (1511), y quizás la Catedral Primada (1521). Cuando la inversión se vaya, el remozamiento volvería a cero. Reclamos ciudadanos evidencian que vecinos, Codia, universidades, Comité Internacional de Monumentos y Sitios y comerciantes no cuentan con un órgano formal que los incluya. Incluso en las conferencias a las que fui invitado a exponer sobre planificación estratégica, observé excluidos, a funcionarios claves. A más de 26 años de iniciar la revitalización de la CC, la realidad es que todo parece una historia sin fin. Los atrasos se suman a la ausencia de información verificable del avance del proceso. Visitantes casuales, turistas, vecinos, empleados y empleadores hacen malabarismos para transitar sin resbalar entre construcciones, materiales, señalizaciones, trabajadores y maquinarias. Desde Idelfonso Cerdá (1867), el concepto «urbanismo» tipifica cualquier acto tendente al agrupamiento racional entre edificaciones y grupos humanos. Orienta metodologías para que las obras eleven facultades físicas, morales y mentales de los humanos.

El urbanismo es sumatoria de iniciativas con la facultad sociológica de concretar lo que Cerdá denominó “felicidad pública”.

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