Verón-Punta Cana. — En Verón-Punta Cana parece repetirse una historia constante: las obras que llegan para mejorar el tránsito y aportar al desarrollo terminan deteriorándose rápidamente por la falta de control, fiscalización y autoridades que hagan cumplir las normas.
Uno de los casos más evidentes es el elevado de Punta Cana, una infraestructura construida para responder al caos vehicular y agilizar el tránsito. Sin embargo, a diario es utilizado por camiones pesados, pese a que existe una prohibición de circulación para este tipo de vehículos sobre el paso a desnivel.
Aunque las denuncias sobre esta problemática son constantes, no hay vigilancia efectiva ni consecuencias visibles para quienes incumplen la disposición.
Conductores de camiones continúan subiendo al elevado para evitar el semáforo ubicado debajo de la estructura, ignorando el daño progresivo que ocasionan al puente con el peso excesivo de sus cargas.
La situación también deja en evidencia la falta de empatía y conciencia de muchos choferes, pero sobre todo la ausencia de autoridades que velen por el cumplimiento de las leyes y la preservación de las obras públicas.
El problema no se limita únicamente al elevado. En distintas carreteras de Verón-Punta Cana es frecuente observar camiones derramando materiales en las vías, dejando cemento, caliche y escombros, además de provocar daños en el pavimento.
Para muchos ciudadanos, el elevado de Punta Cana y gran parte de las carreteras del distrito “no tienen dolientes”, una realidad que se refleja cada día en el deterioro de infraestructuras que fueron construidas para mejorar la calidad de vida y que hoy lucen desprotegidas ante la imprudencia y la falta de autoridad.